Psicóloga sosteniendo las manos de una paciente en señal de apoyo

Redes de apoyo social para superar crisis globales

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En contextos vulnerables, la asistencia es crucial. Las redes de apoyo forman parte de un eslabón de gran importancia en las comunidades.

En un mundo atravesado por crisis cada vez más complejas, las respuestas por parte de los estados y las infraestructuras materiales no suelen ser suficientes  para sostener a las poblaciones más vulnerables. 

Por ello, las redes de apoyo social son una respuesta ante las crecientes demandas. Se posicionan  como pilares fundamentales de contención y reconstrucción para las comunidades que suelen ser invisibles.

Desde comedores populares hasta colectivos de madres que organizan redes de cuidados, pasando por grupos vecinales, cooperativas, iglesias, clubes y organizaciones no gubernamentales, las redes de apoyo social se enfocan en dar la respuesta comunitaria a las demandas.

Su potencia crece ante las necesidades y falta de respuestas gubernamentales. Pero también por ser parte activa de la comunidad que tiene conocimiento de las demandas del entorno y en la confianza que hay entre los actores de la zona.

El valor de lo comunitario ante el colapso

Cuando las estructuras institucionales no dan a basto estando desbordadas para brindar ayuda, son las redes de apoyo social las son capaces de actuar  de manera inmediata sobre las familias que necesitan de la ayuda para responder a las necesidades básicas, por ejemplo.

Durante 2020 y 2021, se vio con claridad cómo funcionaban estos modelos, tras el gran impacto que tuvo la pandemia del COVID-19. En América Latina, miles de personas acudieron a ollas populares, muchas organizadas por mujeres en sus propias cocinas. 

En España, redes de vecinas y vecinos organizaron rondas de asistencia para mayores en aislamiento. En África subsahariana, cooperativas agrícolas brindaron sus recursos para garantizar el alimento en zonas aisladas. Por lo que estas vivencias  dejaron en claro que  la resiliencia no depende únicamente de recursos materiales, sino también de vínculos sociales y el apoyo comunitario. 

Pero hablando precisamente sobre las redes de apoyo social cabe destacar que no son homogéneas ni centralizadas, sino que funcionan como un sistema con múltiples áreas interconectadas.

De allí, su cobertura en diversos aspectos importantes de cada uno de los pobladores, que requieren ayuda tanto en momentos críticos como en el día a día. 
Hay organizaciones que brindan asistencia directa, como alimentos o ropa. Otras que se centran en el acompañamiento psicológico, la orientación legal, o el acceso a derechos. También existen redes  que actúan como articuladoras, conectando recursos con necesidades

La Red de Organizaciones Sociales del Conurbano Bonaerense cumple esta función en el barrio. Agrupa a más de 70 colectivos barriales y durante la pandemia fueron capaces de diseñar una plataforma digital para coordinar donaciones, voluntarios y distribución de alimentos, para toda la comunidad.

Otro ejemplo argentino es el que se desarrolló tras las inundaciones en Santa Fe en 2003. En ese momento un gran número de familias damnificadas pudieron reubicarse o reconstruir sus hogares gracias al apoyo de organizaciones sociales, brindaron ayuda, gestionaron subsidios y sostuvieron emocionalmente a las comunidades afectadas.

No obstante, es importante remarcar que las redes de apoyo social generalmente funciona con recursos limitados y de la mano de voluntarios, por eso hay una gran necesidad que las políticas públicas reconozcan y fortalezcan este trabajo. 

Si bien su cobertura es de gran importancia, también lo es que reciban apoyo externo para mantener su estructura de pie. 

Existen diversas formas de impulsar estas redes poniendo en marcha desde capacitaciones en gestión y liderazgo comunitario, financiamiento para proyectos locales, espacios físicos como centros comunitarios o clubes de barrio y políticas que combinen el trabajo estatal con el comunitario. El rol de los gobiernos locales es clave. 

Asimismo, las redes de apoyo no deben considerarse solamente como respuestas al momento que surjan emergencias sino que su valor también está en el trabajo sostenido que hacen en la vida cotidiana, en los momentos donde no hay catástrofes visibles, pero sí desigualdades estructurales que llevan al incumplimiento de los derechos y oportunidades de las personas.

Desde la violencia de género, el desempleo juvenil o la salud mental, son problemáticas que suelen quedar dejadas de lado en las agendas políticas, distinguiéndolas como de menor importancia ante otros. Por ello, son abordadas por las redes de apoyo que lo hacen desde una mirada de cercanía, horizontalidad y construcción colectiva, llegan con escucha.

Las redes de apoyo social ofrecen una lección fundamental: no se sale adelante en soledad, nadie se salva solo. La respuesta a las crisis no puede depender únicamente de grandes infraestructuras, sino que debe construirse también desde abajo, desde los vínculos humanos y comunitarios.

Reconocer, visibilizar y fortalecer estas redes es un paso de gran importancia para construir comunidades resilientes. Y es, también, una apuesta política y ética por una sociedad donde la solidaridad y la cooperación no sean excepciones ante la catástrofe, sino hábitos cotidianos de convivencia.