LA RESPUESTA SISTEMICO INTERDISCIPLINARIA EN EL CAMPO DE LA EDUCACION

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El enfoque sistémico interdisciplinario, que busca una aprehensión global del conocimiento y una coherencia de la acción disciplinaria, se presenta como un instrumento educativo que, aplicado al proceso de aprendizaje, constituye una innovación en relación con varias dimensiones. En efecto, este enfoque metodológico, aplicado a las reformas de contenido curricular que están en marcha en América Latina, es funcional en relación con las aspiraciones que las caracterizan, referentes a una acción educativa más interdisciplinaria que ofrezca la posibilidad, tanto de una comprensión crítica integral y científica de la problemática propia de los países y de la región, como en la definición de acciones orientadas a solucionarla, que sean coherentes y complementarias a nivel intersectorial y participativas a nivel individual y comunitario. En este sentido, es evidente que la aplicación de esta metodología no se agota en el marco de la acción educativa, ya que, como instrumento de aprehensión de la realidad, es transferible al accionar individual, tanto a nivel familiar, como a nivel socioeconómico, político, laboral, etc.

Esta aproximación metodológica permite, a través de la investigación científica:

conceptualizar sistemas que aseguren la representación de la interacción de las diferentes instancias de la realidad social; estructurar el sentido y el significado de la ubicación de los seres y de los fenómenos en su espacio y su historia;

preparar los proyectos de intervención que puedan crear las condiciones más favorables para el mejoramiento de los diversos aspectos de la vida en el marco de los sistemas conceptualizados; realizar las acciones compatibles con la organización y la dinámica de los sistemas conceptualizados, introduciendo el impacto de la voluntad en el mantenimiento o la transformación del sistema y, eventualmente, permitiendo la reinterpretación explicativa del hombre y de la sociedad. La mayoría de los programas escolares vigentes muestra una aguda incapacidad para afrontar el estudio de nuevos tópicos fundamentales para la resolución de los problemas actuales, especialmente en aquellos países que buscan sus propias vías de desarrollo, como es el caso de gran parte de las naciones latinoamericanas. Es evidente que ya no se trata de que la educación, a través de un saber disciplinario aparentemente especializado, tienda a proporcionar una vaga formación general, sino que la realización integral del individuo como activo participante de una sociedad más justa, pasó a ser uno de los objetivos pedagógicos actualmente prioritarios.

Estrechamente ligada con lo anterior, existe desde hace varios años una creciente crisis profesional que parece revestir características inmodificables dentro de los sistemas educativos organizados desde el punto de vista exclusivamente analítico disciplinario. Esta crisis se ve continuamente realimentada por la fascinación que ejercen en la mayoría de los individuos y de los grupos sociales los títulos especializados portadores aún de un prestigio acorde con necesidades acentuadas en las postrimerías del siglo XIX que, debido al particular enfoque que los sustenta, ya no responden a las actuales necesidades de recursos humanos diversamente calificados. Los estudiosos del problema coinciden en señalar que, en un futuro no muy lejano, debido al dinamismo del sistema socioeconómico actual, cada persona se verá obligada a cambiar de oficio o de profesión varias veces a lo largo de su vida. Es indudable, por lo tanto, que la educación volverá a ser pertinente si es capaz de brindar al individuo instrumentos que lo coloquen en condiciones de cambiar de óptica y, de eje de actividad cada vez que sea necesario. En el ámbito específico de la práctica educativa, el enfoque sistémico interdisciplinario se plantea, entonces, como una nueva alternativa de organización curricular tendiente a permitir la concreción de los cambios sociales y profesionales que hemos mencionado. Desde ese punto de vista, la fusión de varias disciplinas en centros de interés, unidades de estudio, etc. favorecerá los planteamientos innovadores, propiciando un intercambio fecundo entre las distintas áreas de conocimiento. De este modo, la enseñanza pasará a ser fundamentalmente orientadora, abandonando paulatinamente el carácter dogmático que la caracterizó como expresión de una sociedad considerada, hasta hace poco, inamovible.

Resta hablar de un elemento que, si bien reviste un carácter colateral, surge como correlato casi indispensable de toda organización curricular que incluya como metodología el enfoque sistémico interdisciplinario: el trabajo en equipo. Esta nueva aproximación provoca una serie de modificaciones estructurales en el funcionamiento escolar que se puede resumir como sigue: los docentes formados en distintas disciplinas adquieren responsabilidades conjuntas en la programación, en el desarrollo y en la evaluación del aprendizaje, tratando de buscar un lenguaje común que les permita sobrepasar las barreras académicas; las nuevas situaciones didácticas que emergen de una práctica sistémica interdisciplinaria, obligan a plantear una agrupación flexible de los alumnos para adecuarse a ellas; esto trae como consecuencia una utilización diferente del espacio escolar y una pérdida de rigidez en los horarios, debida tanto a las actividades propuestas como a una nueva interacción fluida entre la escuela y el medio de donde surgen los problemas estudiados.