
Hay que señalar una peculiaridad de la situación romana que forma parte de una anomalía más global del caso italiano, porque de otra forma los problemas de la Roma contemporánea no se podrían comprender. En nuestro país existe una situación patológica desde el punto de vista de la relación entre política, planeamiento, cultura y arquitectura. Esta mañana salí de Roma con un gobierno y mañana, cuando vuelva a Roma no estoy seguro de que el mismo gobierno esté en el poder. Esta mañana alguien decía aquí que los tiempos de la arquitectura y el urbanismo son tiempos largos necesariamente, que necesitan una fase de asentamiento para poner en marcha mecanismos políticos y económicos de amplio alcance. Pues bien, en nuestro país esto no ocurre. Y no va a ocurrir en los próximos meses, y tampoco ocurrió en el pasado; por lo tanto, todo lo que yo hubiera podido enseñarles en diapositivas es simplemente la vergüenza de 50 años de una situación sin planeamiento, sin calidad urbana y Roma es el caso más dramático, el caso más patológico creo, entre todas las capitales europeas, y yo espero que nos quedemos en Europa todavía durante unos años.
Esta mañana la misma persona que hablaba de tiempos largos me parece que mencionó alguna comparación entre Europa y Estados Unidos, y señalaba California y Florida. Pues en Europa, efectivamente están tal vez por un lado España, Portugal; y por el otro está Francia, yo diría que Italia puede ser Méjico; sería la tercera vía europea, no sé África, Asia, algo así. En fin, esta es la situación. Esto no quita que, en estos últimos años, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, algo hayamos exportado. Por lo menos en el extranjero hemos visto algunos reflejos de nuestras búsquedas en la arquitectura, el camino hacia la buena arquitectura. Los nombres, como botón de muestra Pier Luigi Henri por un lado, que seguramente todos conocen; y Franco Voudino por otro, que tal vez es el más joven, representan un intento de búsqueda. Pero ni uno ni otro son arquitectos, ni uno ni otro han dejado una marca en el cuerpo de la ciudad en la que han trabajado y vivido durante tantos años. Uno es un ingeniero que hizo edificios muy famosos, y los últimos se remontan a hace 50 años aproximádamente; y el otro es un joven arquitecto, ahora tiene 50 años, ya no es tan joven, que no ha hecho nada. Ha escrito muchos libros y ha publicado un montón de cosas, pero no ha puesto una piedra encima de otra. Muchos de sus edificios desgraciadamente los ha construido Mario Botta, que estaba aquí tan contento hace muy poco porque ha construido muchísimas cosas, y tampoco es un arquitecto italiano, solo tiene el nombre italiano, pero algo de lo que ha construido, en cierto sentido nació en nuestras universidades.
El panorama es un tanto desolador.
Hoy los arquitectos italianos viven y trabajan porque tienen una legislación absolutamente paradójica, increíble. Se permite a gente que no son arquitectos, son aparejadores, por ejemplo, construir el 99% de lo que se construye en nuestro país, es decir casas de hasta 3 plantas. Por lo tanto, a los arquitectos no los queda precisamente nada.
Todo ello dentro de un planeamiento como puede ser el de Roma que tiene unos problemas enormes porque es una ciudad que se va estratificando sobre si misma desde hace 20 siglos, y que ha vuelto a ser la capital de Italia desde hace poco tiempo. Roma es la capital de Italia, pero desde 1870, poco más de un siglo, por tanto. Y no es una capital moderna es una ciudad antigua se ha trabajado en su camino, se ha esforzado para ser una capital moderna. Ha copiado un poco los modelos de las grandes capitales europeas, sobre todo París, la dinastía de los Saboya era de origen francés. Por ahí han pasado también las culturas anglosajonas, la ciudad jardín, por ejemplo, de los años 10 y 20. Tuvo una época de autonomía, de autonomía muy especial durante la época fascista. Se intentó crear una ciudad de tipo gremial y la última imagen es la exposición de 1942, la Expo en el EUR. Tal vez alguno de ustedes lo conocen. Esta mañana vimos incluso un fragmento exportado, ese arco que se llevaron a San Luis. También es un símbolo de la exposición que se exportó unos años después.
Luego la ciudad que se ha ido desarrollando en los años siguientes, después de la Segunda Guerra Mundial. Asistimos a un período de recuperación de cierta cultura, la cultura del neorrealismo de Rosellini, la poesía de Pasolini; una temporada bastante viva que ha dejado huellas que solo son unas migas en el tejido de la ciudad, unos fragmentos muy, muy pequeños que no han dado un significado que vaya más allá de una pequeña casa, de un pequeño edificio. Lo que ocurrió después fue mucho peor porque debido a la situación política que se ha ido deteriorando a partir de los 60 hasta finales de los años 80, la caída del muro de Berlín se ha desarrollado una tendencia hacia el autoconstrucción.
Esta mañana me hacía un poco de gracia cuando el representante de la cultura anglosajona, hablaba de autoconstrucción. Nosotros somos unos grandes expertos de autoconstrucción, pero a nivel de las construcciones ilegales que se han producido. Tenemos aproximadamente un millón de habitantes, el 25% de la población de Roma que vive en casas cuya existencia no es oficial; es decir, que solo las conocemos porque hace un par de meses se tomó una fotografía aérea y de ahí conocemos la existencia de estas viviendas. Esta es la realidad ¿Cómo se puede dar forma a esta situación? La situación en nuestro país por tanto es delicada, tanto que en un momento económico y político difícil pues los otros países europeos están observando con cierta atención lo que está ocurriendo en nuestro país, y lo qué se está haciendo en Roma. Lo único que tiene cierta importancia es la antigua estructura de los ferrocarriles que se ha privatizado. Ese ha sido el objetivo porque ahí, evidentemente, pueden invertirse capitales extranjeros, y pueden dar forma a un trozo de ciudad que es importante. Porque es una gran corona alrededor del casco antiguo, que ahora son solares libres porque los muelles de ferrocarriles se han trasladado.

