La regulación en las formas básicas de la sociedad

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Estas formas de regulación se establecen entre tres estructuras básicas de la sociedad: un modo de producción de los bienes materiales, basado tanto en los recursos naturales como en los humanos; un sistema socio familiar, que organiza la descendencia tanto biológica como socialmente; y un sistema educativo que es el encargado de transmitir a las nuevas generaciones los valores vigentes en la comunidad. Por último, en el marco de la educación en población, tal como se la concibe en la región, las relaciones entre la natalidad, la mortalidad y las migraciones adquieren una nueva dimensión, ya que, a través de los índices, lo que interesa son los seres humanos a que se refieren esas mediciones, en tanto portadores de un devenir histórico personal y colectivo: ¿por qué una mujer y un hombre tienen o no tienen tal cantidad de hijos? ¿por qué se les desea o no? qué representan los hijos para una comunidad en particular? ¿qué valor se le otorga a la vida? y, por extensión, a la muerte?; qué visión tiene el individuo de su cuerpo? ¿cómo incide la visión de sí mismo y de los demás en el cuidado de la salud? ; qué medios tiene para curarse? ¿qué tipo de trabajo realiza? ¿hay leyes sociales que lo protegen de las situaciones de riesgo para la salud? ¿por qué algunos desean emigrar de su tierra, de su medio? qué encuentra el emigrante en su nuevo hábitat? ¿qué dificultades o ventajas tienen los miembros de una familia en el proceso de migración? ¿qué acciones puede emprender para el buen manejo de los recursos naturales? qué habilidades o destrezas debería adquirir el individuo para poder participar eficientemente en el desarrollo de su sociedad? ¿qué posibilidades le ofrece ésta para tener hijos, cuidar su salud, permanecer en su lugar de residencia o tener que partir?  cuál fue el proceso histórico que condujo a la situación actual? Las preguntas no acaban aquí. Es evidente, por lo tanto, que ninguna disciplina, por sí sola, puede dar respuesta al cúmulo de factores interrelacionados que integran el fenómeno poblacional. Varias son las que en estos momentos realizan sus aportes al problema: la ciencia política, la demografía, la sociología, la antropología, la psicología, la economía, la historia, la geografía, la biología y ciertos campos de por sí interdisciplinarios, como los de la ciencia y la tecnología, de la salud pública y el de las relaciones del hombre con el ambiente.

De lo anterior se puede concluir que la educación en población constituye una propuesta para la reflexión en un campo que, por su estrecha relación con la vida del hombre y con la sociedad, posee un gran dinamismo. La percepción de las formas de regulación entre el macro y el micro nivel social, en su dimensión histórico espacial y la necesidad de recurrir a un enfoque sistémico interdisciplinario, constituyen, por lo tanto, los grandes lineamientos teóricos en los que la educación en población debe situar su camino de conceptualización en un proceso de renovación constante que permitirá ir delimitando su campo dentro del marco de la especificidad de los grupos humanos que llevan a cabo esta acción educativa. Esto justifica la presencia de las consideraciones que siguen sobre el enfoque sistémico y la interdisciplinaridad, a los efectos de mostrar las fuentes metodológicas a las que se remite esta propuesta para la educación en población y dentro de qué límites se proponen sus planteamientos.

Algunas precisiones. En páginas anteriores se ha definido el enfoque sistémico relacionándolo, para contraponerlo, con el enfoque analítico, a fin de perfilar con nitidez la naturaleza de ambos instrumentos metodológicos. Conviene ahora precisar el alcance de algunas diferencias que pueden observarse en la comprensión misma del llamado enfoque sistémico. Por una parte, este puede ser entendido como la descripción de un sistema ya dado y definido, cuya representación consistiría en una especie de organigrama. En este caso, la lógica que preside la jerarquización interna de los niveles y elementos del sistema no se pone en discusión. Para actuar eficazmente sobre él y al interior del mismo se requeriría una descripción analítica, completa y sistemática de las relaciones y funciones que existen entre sus elementos integrantes.

Por otra parte, el sistema puede ser también comprendido como una totalidad cerrada que, por lo tanto, admite modos de representación que cambian según los sujetos y sus puntos de vista. Quien quiere analizar una situación para actuar sobre ella determina los límites de la misma y no la acepta como un sistema dado que no se cuestiona. Esta segunda aproximación al enfoque sistémico no trata de descubrir sólo las interrelaciones existentes entre los diferentes elementos, sino las estructuras sobre las que se basan dichas interrelaciones a fin de analizar y poder actuar sobre los obstáculos y bloqueos que impiden el logro de los objetivos buscados. No siempre estas estructuras son evidentes, sino que, para alcanzar su comprensión se hace a veces necesario rechazar lo real tal como es percibido, planteando hipótesis que permitan reconstruir las verdaderas relaciones profundas entre los elementos de la realidad.

Por lo tanto, la característica sobresaliente del primer enfoque, llamado por algunos autores análisis sistémico decisional, es que no se interesa por la naturaleza de los objetivos que persigue, sino que su función consiste en brindar un modelo que ayude a tomar decisiones a los encargados de hacerlo, sin intentar comprender o explicar la realidad. Es por lo tanto una especie de tecnología de la acción. Un ejemplo ya clásico en la materia es el envío de un cohete a la luna: la tarea que desarrollan los analistas de sistema en este caso, consiste en prever todas las variantes posibles que integran el sistema espacial, sin plantearse cuáles son los objetivos de este envío, de dónde provienen los fondos, qué repercusiones científicas, políticas, ecológicas podrá producir, dónde se origina la decisión de los responsables y a qué apunta, etc. Es decir que, tanto en el plano científico como industrial o cultural, el análisis sistémico decisional se vincula, en última instancia, con una concepción tecnológica de la realidad. En cuanto a esto, es necesario aclarar que no se trata de criticar los avances de la tecnología en sí mismos, sino lo que llama la perversión de la expansión técnica, es decir, cuando los tecnólogos, al llevar a buen término exclusivamente objetivos ligados a las estructuras de poder, convierten la tecnología en tecnocracia. Es precisamente en cl análisis de los sistemas sociales donde la finalidad de los objetivos reviste una importancia insoslayable en quo este modelo operacional muestra sus mayores deficiencias. Para intentar subsanar esta brecha, varios estudiosos del problema han encontrado un camino superador en el segundo enfoque mencionado más arriba, llamado sistémico cognoscitivo. al quo consideran como una aproximación valiosa para abordar lo viviente.