En las políticas urbanísticas, sí que es cierto aquello de que “menos es más”

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Cuando se conquista América se plantean dos grandes objetivos, que son cristianizar y civilizar. Para comenzar, el primero, para alcanzar el primero bastó prohibir yacer con una infiel. En consecuencia, escribe Madariaga, todo buen cristiano tuvo que bautizar previamente a su amor para poder seguir adelante. Así de simple. Para construir ciudades bastó declarar que quien no fuese ciudadano, es decir, no estuviera empadronado en una ciudad, no podría dirigirse a la corona para exigir justicia. Durante los 300 años que duró el imperio se estuvieron construyendo ciudades, no asentamientos humanos o poblados, ciudades, al ritmo de una nueva cada once semanas. Sólo en la ciudad de Méjico se construyeron 3 edificios públicos, incluyendo conventos por semana durante esos 3 siglos. ¡Y la ordenanza urbanística ocupaba tan solo cuatro líneas, pero qué cuatro líneas! 

Justo lo contrario a la ciudad cerrada por una muralla virtual, como la Roma de Romulo y Remo que lo fue por el arado que utilizaron, y que venimos padeciendo para gloria de especuladores. Esto cuando no topamos con normativas tan estúpidas como aquella, Javier Carvajal hablaba mucho de ello. Y yo traigo está a colación porque me divierte mucho, aquella normativa tan estúpida de tener que construir una vivienda para minusválidos cada x unidades. Vivienda que finalmente hay que reconstruir a normal porque el cliente minusválido no aparece. Un concepto simplista de las estadísticas de donde los haya. Algo así como el caso de una pareja a la que le nace un niño con piel amarilla y ojos rasgados. No ha tenido antepasados asiáticos y visitan al ginecólogo. Desconcertado este les pregunta el número de hijos que tienen. Al enterarse de que es el cuarto, les calma: “Pero no sabían ustedes que en este mundo que de cada cuatro niños que nacen uno es chino”. 

Volvamos a la cuestión ¿qué podemos hacer para progresar y no seguir repitiendo un prototipo que fue óptimo hace ya 35 años? El reto que enfrentamos estriba en cómo romper la inercia invencible de los programas acuñados, y las anquilosadas normativas, para lograr que el nuevo hombre de la renovada generación. Desencadene sus sueños insatisfechos, y de rienda suelta a sus anhelos, siempre reprimidos y nunca realizados. Hasta bien entrado el siglo las habitaciones de una vivienda carecían de un uso específico adjetivado. En aquella época las viviendas no se valoraban por su superficie sino por el número de habitaciones.

Por otra parte, sin el pie forzado de cocinas o aseos integrados en su interior, y por tanto inamovible, la flexibilidad resultante carecía de límites. El problema ha surgido cuando hoy los arquitectos venimos encapsulando las vías de una nueva generación y por ello necesariamente diferente en un modelo de digamos conchas muertas, propio de quiénes ya pasaron y, lo que es particularmente grave, obligándole a seguir unas pautas de comportamiento totalmente extraigas a su original talante vital. Par a un grupo de profesionales entre los que me encuentro. Arquitectura es el ordenamiento del espacio hacia el bienestar el hombre. Espero que no estéis en desacuerdo. Veamos qué clase de bienestar producen los espacios, las actuales viviendas y en consecuencia qué tipo de hombre están definiendo, ya que el hombre hace su casa, pero después la casa hace al hombre, le da vida, le mediatiza.

Examinando dicho escenario actual de la vida familiar se concluye que su ocupante debe ser un animal que a diario se asea, come, está y finalmente duerme. Para reprender ese ciclo vegetativo hoy como ayer, mañana como hoy y siempre igual. La rutina infinita de nacer, crecer, reproducirse y morir. Si únicamente consideramos la, por otra parte, muy respetable, naturaleza animal que el hombre comporta, hay que darle un 10 a esa vivienda. Pero el hombre a diferencia de otros animales es una criatura que nace incompleta, inacabada. Es su responsabilidad desarrollarse hasta el límite de sus capacidades, realizarse como ser superior, aprovechar ese don de los dioses que es su inteligencia. Su casa es ese espacio mágico que debe posibilitar y hasta colaborar en la consecución de tal logro.

No obstante, son muchas, prácticamente todas, las funciones psíquicas extra vegetativas que no son tenidas en cuenta al programar las viviendas. Por supuesto el cliente, el arquitecto, inclusive la sociedad, cuando pergean el programa de necesidades las suelen ignorar por completo. No es ajeno. En toda mi vida profesional tan solo una vez me han planteado el programa de una vivienda desde la necesidad de expresar la muy peculiar personalidad del propietario, y de satisfacer sus exigencias espirituales prioritarias. Definía una casa, por otra parte, también tradicional en su cultura mediterránea. Abierta hacia dentro, cóncava, recoleta, torre de marfil del recato familiar. Así lo hicimos, quedó satisfecho y recibí su serena y emotiva gratitud. No obstante, la última vez, que le visité, ya en Villa lobillos, estaba inmerso en una juega flamenca de tronío con más de 200 invitados, todos ellos temperamentales y jacarandosos. Aquel hombre que ayer tenía hambre de soledad, hoy se consumía en un apetito desordenado de comunicación humana, o quizás a la inversa, ya tal vez ambas alternativas contrapuestas coexistiendo, siempre inseparables y consustanciales con su naturaleza.