
Tanto como la preservación de distritos histórico, la recuperación por medio de nuevas obras de zonas abandonadas es algo más que negocios inmobiliarios o intervenciones culturales, son en el fondo un reconocimiento de los valores éticos y estéticos de obras y de ideas de otros tiempos que de alguna forma tienen que ver con la vida y la memoria urbana. Es decir, no basta con la rehabilitación de testimonios del pasado ni mucho menos con la imitación de los estilos del ayer, tan habituales en cierta arquitectura contemporánea. La arquitectura no debe renunciar ni a la imaginación estética ni a la realización moral, si son dos fuerzas que deben responder permanentemente ante la comunidad.
Voy a querer continuar y cerrar esta exposición con algunos ejemplos del tipo de entorno a que me he referido y voy a usar como modelo viviendas unifamiliares, y no edificios colectivos. Creo que en las casas por donde empezó la arquitectura podemos hallar modelos capaces de orientarnos en la formación de ciudades del hombre por el hombre y para el hombre. Y además quiero aclarar y señalar que yo no planteo un trasplante de otros diseños, de otros diseñadores, sino que voy a tratar de señalar una cierta dirección. Yo voy a empezar con el mejicano Luis Barragán que construyó poco, pero en forma muy profunda. Su obra fue relativamente escasa, especialmente la que abarca su período de 1945 a 1975, es decir, son 0 años que le incluyen en la arquitectura del mundo y no solamente es un símbolo de la arquitectura regional, es decir, que corresponde a su país, o a Latinoamérica, sino que pensamos que es un capítulo de enorme trascendencia.
Trascendencia es un término capaz de resumir los diseños de Barragán empezando primero por su vivienda en la ciudad de Méjico. Yo tuve el gusto de visitarla, realmente parece salida de un cuadro de Dequie, el famoso metafísico italiano, Barragán era precisamente un erudito en el terreno de la pintura, y un coleccionista muy importante de jóvenes artistas mejicanos. Sus urbanizaciones, sus jardines, sus casas, sus fuentes, sus capillas son como una especie de combinación de geometría elemental con las tradiciones precolombinas que tienen ese colorido mágico también como en las viviendas populares mejicanas y que además manejan el más depurado lenguaje racionalista con una sumisión casi religiosa a las necesidades de la gente
La escala humana fue el santo y seña de Barragán, pero el hombre para el que diseñaba tiene alma, no solo carne y huesos, decía Barragán. Y ese alma se dirigía, se puede ver en estas fotos. El mismo resumió el sentido de su obra cuando al recibir el premio Pritzer en I 980 se lamentó de la desaparición de una serie de palabras en las revistas de arquitectura. Barragán decía que los críticos ya no hablábamos más de la belleza, de la inspiración, de la poesía de la magia, del sortilegio, del misterio, de la sombra y de la intimidad. Y el proponía que esas palabras fueran el norte de su vida y de su obra.
Vamos a ver ahora una realización de Richard Mayer. Es una casa en Western en Nueva York, la casa, el garaje y la piscina de natación están emplazadas en la parte más alta de un terreno y orientadas en un eje que divide en dos la vivienda y que se extiende hacia el paisaje. Hay otro eje perpendicular que corre a la vez hacia la entrada principal del edificio para ofrecer dentro de él vistas hacia el norte. La casa tiene dos volúmenes, uno de muros extensos y formas rectas, contiene los ambientes privados, y es el centro de la gravedad arquitectónica, en este cuerpo están los dormitorios, los baños y la cocina en tres niveles, el segundo volumen se adhiere al primero con una piel curva, con paneles de metal y vidrio y ahí se disponen los ambientes públicos que se expanden en terrazas.
Meyer es, lo sabemos un renacentista de la segunda mitad del siglo XX y lo es por su búsqueda de esa difícil simbiosis entre orden y aventura, él logra con una singular inventiva artística y con una notoria delicia técnica, como en esta vivienda que además de ser sólida notifica con su presencia en el espacio natural sin alardes, pero también sin modestia. Esta que vamos a ver ahora es la casa del arquitecto japonés Toyoito en un barrio de Tokio, tiene veinte columnas cuadradas de hormigón, y se distribuyen simétricamente sobro el terreno para soportar 7 cubiertas abovedadas. La mayor que es la más alta cae sobre un patio y permite la visión del cielo y el ingreso de la luz natural.
Las bóvedas dan a la casa la experiencia de un conjunto de pequeñas chozas primitivas a la manera japonesa, pero también a la de una nave espacial depositada en la tierra. Ito ha buscado con esta yuxtaposición de imágenes la antigua vivienda y el aparato moderno. La casa es de una sola planta y de una estructura sin muros portantes. Los pisos están revestidos con típicas baldosas japonesas estableciendo con esos materiales una relación de ética y estética con lo viejo y lo nuevo. Esta es una casa de Mario Botta. Yo la Llama la casa de la bicicleta (aunque el no está de acuerdo) por la parte superior. Esta obra que tiene que ver con el montañoso cañón del Pichino en el que él ha nacido, y donde vive y trabaja, es algo así como el símbolo y el compendio de su obra. Esta vivienda unifamiliar que se alza en Beganzona, cerca de Lugano, el cruce de dos carreteras, es como un símbolo de cómo la geometría hadado, o se ha convertido en el punto de partida de esta composición.
Esta casa como las demás viviendas de Botta, es un diálogo con el espacio circundante, si por un lado retiene características de las tradiciones arquitectónicas rurales como el pórtico y el mirador elevado, coronado por una claraboya de vidrio en un triángulo, por el otro se propone como una señal urbana en el cruce de las carreteras. Esta casa es algo así como un elemento del paisaje local con el que no buscan mimetizarse, sino que, por el contrario, le suma un signo arquitectónico humano que es casi natural.
La obra siguiente que pertenece a Frank Geri, es un pabellón de huéspedes contiguo a una vivienda diseñada por Phillip Johnson en la década de los 50 situada en un pueblito que se llama Baisaka a 45 kilómetros de Mineapolis. Se encargó a Gery un edificio pequeño que no destacara de manera distorsionante en el paisaje, ni contradijera excesivamente las características formales de la casa a la cual iba a ser anexado. Geri puso especial cuidado en el pabellón, de estilo diferente a la vivienda ya construida, no significase una ruptura con la profesionalidad del entorno y de la casa existente. De manera gradual fue surgiendo la solución típica de los diseños de Gery, es decir, una gran escultura al aire libre en la cual las diversas piezas encajan una con otra estrechamente como si fueran echas con un metal.

