EL ENFOQUE SISTEMICO Y LA INTERDISCIPLINARIDAD 

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PRESENTACION DEL PROBLEMA

Es evidente que el concepto de disciplina resultó sumamente fructífero y contribuyó a no pocos de los avances tecnológicos y científicos actuales. Sin embargo, esta misma especialización ha contribuido a crear la situación de caos en que parece hallarse sumergida gran parte de la humanidad en estos momentos: la acumulación de los conocimientos, la rapidez de los medios de comunicación, el refinamiento científico y la eficacia tecnológica, si bien aceleraron cierto tipo de desarrollo característico de las sociedades industriales avanzadas provocaron, por otra parte, la atomización creciente del saber, llegándose a perder de vista al hombre y a la realidad como entidades globales. Para estudiar y contribuir a resolver tentativamente el cúmulo de problemas económicos, técnicos, sociales, culturales y morales que presenta nuestra época, el conocimiento disciplinario y sectorizado resulta, por lo tanto, insuficiente, debido a su imposibilidad de aprehender el conjunto de las interrelaciones propio de los fenómenos que analiza.

Coincidentemente, la unificación de las ciencias a través de conceptualización y metodologías más o menos comunes, pasó a ser uno de los objetivos prioritarios en el campo de la epistemología. Aunque desde distintos ángulos, tanto el enfoque sistémico como la interdisciplinaridad intentaron brindar una respuesta a este complejo problema.

Desde su aparición relativamente reciente, estos planteamientos se hallan en continua reformulación, a los efectos de superar las limitaciones iniciales y las críticas surgidas desde distintos sectores sobre los alcances de su aplicación práctica y de la filosofía que sustentan algunos de sus trabajos. En ese aspecto, resulta interesante consignar las vinculaciones que se han señalado entre el enfoque sistémico y la interdisciplinaridad con el estructuralismo, en el sentido de que las tres aproximaciones parecerían dar prioridad a la noción de totalidad. Algunos autores van más allá en cuanto a estas semejanzas, llegando a considerar al estructuralismo como la base teórica del planteamiento interdisciplinario.

Henri Lefevbre aborda con claridad el problema de la distinción necesaria frente a un objeto de estudio, entre la metodología como instrumento para abordar el conocimiento, y la filosofía, es decir la concepción del mundo en la que se apoya16. Aunque este autor hace girar sus reflexiones en torno al estructuralismo, el alcance de sus precisiones resulta transferible a los otros dos enfoques mencionados: si bien no es posible negar lo adecuado y fructífero de metodologías semejantes, es necesario visualizar las deficiencias y peligros de convertirlas en una filosofía que, en su voluntad de interpretación codificada de la realidad, termine por privilegiar sus propios instrumentos de análisis por sobre la realidad misma como materia viviente.

Este trabajo se inscribe, por lo tanto, en la postura que considera al enfoque sistémico y a la interdisciplinaridad como metodologías valiosas para un conocimiento activo de la realidad actual, haciendo la salvedad de que, como toda metodología, es decir, como todo instrumento servirá a distintos fines de acuerdo con la ideología de quienes lo utilicen.

En cuanto al tema de la renovación metodológica que se propone, las opiniones no son, sin embargo, unánimes: frente a los decididos sostenedores del cambio hacia nuevas formas de conocimiento más acordes con las complejidades del mundo actual, persisten los defensores de un enfoque parcializado del objeto, tratado en profundidad. Tal como lo señala Joel de Rosnay, entre los que más desconfían de los nuevos planteos metodológicos se hallan aquellos especialistas (físicos, matemáticos, etc.) que, dentro de la jerarquización de las disciplinas establecidas en el siglo XIX, se ocupan de las ciencias nobles, jerarquización que tiene vigencia inconsciente en el pensamiento de muchos. En cambio, aquellos estudiosos habituados a pensar en términos de intercambio y de relatividad, es decir, los que se ocupan de las ciencias humanas y sociales, están más dispuestos a aceptar el cambio de enfoque educativo que significa, por ejemplo, una metodología como la sistémica interdisciplinaria.

En el marco de la innovación metodológica que nos ocupa, es necesario además destacar la importancia que, en estos planteamientos para la educación sobre población, se otorga a la dimensión histórica. Hacemos hincapié en este aspecto ya que no todos los autores que se ocupan de la teoría sistémica tienen la misma postura frente al tema; en el caso de los sistemas sociales como en el de todos aquellos donde interviene la vida la variable tiempo reviste una importancia insoslayable, ya que la dinámica de los sistemas hace estallar la visión estática de las organizaciones y de las estructuras: al integrar el tiempo, hace aparecer lo relacional y el devenir. En este sentido, el análisis relacional de los fenómenos demográficos deberá tener en cuenta su doble aspecto de acontecimiento puntual y de duración social, con los alcances que Braudel otorga a esos conceptos. 

Todo elemento que integra cualquiera de las variables de la dinámica de la población constituye un hecho único, irreversible, fijado en un tiempo cronológico preciso en cuanto a la vida del individuo que lo protagoniza; sin embargo, sólo adquirirá su real dimensión histórica si se lo comprende dentro de un proceso mayor en el que, uniéndose a una cadena casi infinita de hechos semejantes, configurará uno de los fenómenos significativos del sistema socioeconómico y cultural que le es propio. Es así como, para lograr una paulatina modificación de los fenómenos demográficos, será necesario conocer la coyuntura personal inmediata para actuar sobre ella y así, paradójicamente, producir una variación del hecho global en un plazo considerablemente diferido: Ciertas estructuras están dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones (…) Piénsese en la dificultad de romper ciertos marcos geográficos, ciertas realidades biológicas, ciertos límites de productividad, y hasta ciertas coacciones espirituales: también los encuadramientos mentales representan prisiones de larga duración. Sin esta perspectiva, se corre el riesgo de no comprender la génesis de los problemas que plantean en el mundo contemporáneo la dinámica y la inercia poblacional, por una parte, y los comportamientos demográficos individuales y colectivos, por la otra. Lo histórico resultará así un concepto abarcador, envolvente, destinado a tocar tanto la memoria colectiva de la sociedad como la memoria autobiográfica, personal del individuo.