La vivienda en la cultura latinoamericana

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La plática se estructura en dos secciones básicamente. La primera es sobre la situación del 60% de la población de Latinoamérica, la cual explicaré a través de una historia de un mexicano, y en la segunda sección algunas tendencias en la arquitectura de la vivienda en México. Con algunos ejemplos también de lo que mi oficina ha realizado en esta área, dentro de un contexto general de muchos arquitectos. Situaré dos ejemplos de las etapas del funcionalismo mexicano y los resultados que se presentan en la arquitectura moderna en México hasta la fecha. Para el año 2000, 8 de cada 10 latinoamericanos vivirán en ciudades. Además de esta acelerada urbanización, la población de los países en desarrollo crece y la mayor parte de esta población es pobre, en las ciudades y en el campo. Esta población no cuenta con ingresos suficientes para comprar una vivienda, por ello la mayoría ha tenido que construir sus propias viviendas. La autoconstrucción ha cubierto la demanda de viviendas de la mayoría de esta población, es decir, que la demanda generó su propia oferta. En las zonas campestres todas las viviendas las construyen sus propietarios con materiales naturales de la región. Para aislarse y protegerse del medio ambiente los diseños de las casas varían de acuerdo a las distintas fisiografías. La mayoría de las viviendas logran su máxima expresión estética porque están construidas dentro de la eficiencia que tienen los que las realizan. En las zonas del campo en México, y de varios países latinoamericanos, la vivienda rural es muy variada y presenta características muy singulares de diseño porque se utilizan los mismos materiales o materiales singulares que cumplen la misma función.

En las áreas, también urbanas los arquitectos tenemos poco que hacer en la construcción de las viviendas para la población de escasos recursos, puesto que se hace por autoconstrucción. La casa donde vive Juan, les pongo algún ejemplo, la construyó en 25 años. Primero invadió un predio donde se hizo el cuarto con materiales de deshecho. Esta vivienda la ocuparon él, su mujer y dos hijos. Durante su permanencia en esta vivienda Juan dejó de ser un trabajador de tiempo eventual, consiguió un trabajo fijo que le permitió un ingreso regular. Con unos ahorros empezó a mejorar la vivienda, construyó con materiales más resistentes y duraderos, y aumentó la superficie construida. Llegaron unos parientes de Juan a vivir a su casa, con lo cual aumentó la mano de obra familiar y el ingreso para seguir construyendo su casa. Ahora en la casa de Juan vive su familia más tres parientes. Uno de los parientes se casó y construyó en el mismo terreno el cuarto opcional. Durante estos cambios logró regularizar la tenencia de su bloque. Conforme aumentó el ingreso global de las familias invirtieron más dinero en la vivienda y menos mano de obra familiar en la construcción. Contrataron a un maestro de obras para trabajos más especializados. Hoy viven en esta casa tres familias que suman en total 14 personas. Durante los años de construcción de la vivienda el gobierno realizó obras para dotar a la colonia donde hay muchas casas como la de Juan, de redes de agua, drenaje, luz, calles y banquetas pavimentadas. El caso de Juan presenta casi dos tercios de las viviendas totales que se construyen en los países en desarrollo.

Para el año 2000 la población total será de 6.000 millones de habitantes, de los cuales casi tres cuartas partes vivirán en ciudades de países en desarrollo. Para ese año la población de Madrid será igual de a 6 millones, la que tenía México en 1970. En México, igual que otros países en desarrollo, la mayor demanda de viviendas será cubierta a través del autoconstrucción. Es decir, desde que Juan se asentó en el terreno donde inició la construcción de su vivienda, hasta que la terminó durante este tiempo, Juan y su familia lucharon por regularizar su terreno y por conseguir los servicios básicos de agua, drenaje y viabilidad de otros servicios urbanos. Para enfrentar el rápido desarrollo en México, sobre todo en la capital, el gobierno construyó agencias especializadas para aumentar en parte la oferta de vivienda de interés social y para regular dentro de lo posible el crecimiento de los asentamientos irregulares. Para dar una idea de la magnitud del crecimiento de la mancha urbana de la zona metropolitana en 1935 esta cubría I 1.000 hectáreas, para principios de 1990 la mancha era de 125.000 hectáreas, I I veces más. Se estima que actualmente se invaden en la zona metropolitana de la ciudad de México alrededor de 3.600 hectáreas por año. Para el año 2000 la América Latina tendrá alrededor de 480 millones de personas. Frente a este tipo de crecimiento las acciones del gobierno son marginales y sobre todo no atienden a la demanda de los más pobres de la población. El Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores, el INFONAVIT, el Fondo para la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, son dos organismos del sector público que construyen viviendas para obreros y empleados asalariados de la iniciativa privada, que tienen acceso al crédito comercial al tener un empleo con ingreso fijo.

El 60% de la población percibe ingresos inferiores al 2,5 veces el salario mínimo y por lo tanto no tiene acceso a este tipo de vivienda. Por otro lado, de la oferta oficial se estima que el FOVISTE y el INFONAVIT solo cubren el 8,8 y el 3% respectivamente de la demanda efectiva de las viviendas. Estos programas incluyen un porcentaje de subsidio a las tasas de interés, con lo cual estas instituciones han disminuido actualmente su participación. Además del incremento de los costos de edificación se han incrementado más de 5 veces los intereses de los créditos bancarios. Con lo cual resulta primitivo se ha vis-to prohibitivo acceder a una vivienda de interés social y por lo tanto dificulta la oportunidad para las empresas constructoras privadas. Cuando los costos de construcción y del dinero eran más bajos, el gobierno y las empresas particulares pudieron tener una enorme y mayor participación en la construcción de viviendas de este tipo. La participación de la inversión privada en la construcción de viviendas se hacía con recursos de las empresas constructoras, con préstamos bancarios y con fondos de las instituciones oficiales de apoyo a la vivienda.