La vivienda en la cultura anglosajona

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Aunque es arquitectura anglosajona, o vivienda anglosajona, vamos a incluir sobre todo la vivienda británica. La cultura anglosajona es tan amplia en el mundo como lo es la española, se extiende a los cinco continentes representando algo así como 700 millones de personas. Sin embargo, no voy a hablar sobre Australia, ni Nueva Zelanda, ni lugares similares, sino sobre todo del Reino Unido con un poquito de debate o discusión sobre los Estados Unidos.

En primer lugar, quiero decir que los británicos no hacemos las casas demasiado bien, ni los americanos tampoco. Hacemos bien algunas cosas: Somos muy buenos en la producción anticuada de casas de alta calidad para los aristócratas. Si consideran las casas británicas similares a la industria de automóviles, hacemos los Rolls Royces muy bien, sin embargo, no hacemos bien el equivalente al Fiat Uno o al Austín. Podemos hacer cosas muy bien pero también podemos hacer cosas muy mal, ya sea en coches o casas.

Gran Bretaña se conoce en el teatro europeo como la fundadora de la revolución industrial europea. Esto cambió todo en el concepto de las viviendas antes de los años |940. Vean ustedes esto en Lancashire, en Berment, la mayoría de la gente de Gran Bretaña, como en muchos sitios de Europa, vivía en el campo. La revolución industrial y la edificación de viviendas significó que la gente tuvo que irse a vivir a nuevas ciudades, viviendo muy cerca de las fábricas, de modo que solo tardasen dos o tres minutos en llegar a su trabajo. Luego trabajaban unas 16 horas al día, seis días a la semana.

Los propietarios de las fábricas construían las casas para sus trabajadores. Podrán imaginarse que, al llegar del campo las familias, vivir en estas casas de pobrísima calidad fue un choque muy fuerte para la gente.

Sin embargo, fue un choque que la gente consideraba obligado soportar y con el que tenían que vivir. Durante cien años fue así hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, en que los Gobiernos decidieron empezar a demoler lo que consideraban casas poco higiénicas. Estos no eran sitios donde se podía educar a los hijos, ni lugares para educar a la gente: ni donde podían nacer niños. Desde luego tampoco eran sitios, de acuerdo con el gobierno, que pudieran soportar la gente normal; de modo que comenzó un enorme programa de demolición y, por primera vez, los arquitectos estuvieron involucrados en la vivienda, en la construcción masiva de viviendas.

A los arquitectos se les introdujo para construir nuevas viviendas en altura, rascacielos. Era algo para lo que los arquitectos no tenían formación. Los arquitectos antes, y los planificadores también, hablan hecho muy bien otras cosas distintas a las viviendas, pero tenían muy poca formación, repito, en la producción de las viviendas masivas, y además eran unas casas muy pobres. Se consideraba que en el momento que se construyeron eran Ideales, ejemplos magníficos de ingeniería, una solución de ingeniería para el problema de la vivienda. En la mayoría de los países europeos construimos muchísimas de estas casas.

Sin embargo, en absoluto eran mejores que los edificios de las fábricas victorianas. Vemos a la izquierda casas de 1860 en Manchester, y a la derecha viviendas de 1960también en Manchester, ambos ejemplos son malos de hecho. Las peores de las dos son las modernas porque son altas. Tecnológicamente bien planeadas, su problema es que van más allá de la ingeniería, se escapa a los usuarios I comprender cómo se han construido y cómo funcionan; mientras que las casas del período victoriano por lo menos, eran comprensibles para la gente normal.

El programa de demolición iniciado a mediados de los años 60, continúa hoy en día. Es una lección muy saludable para los tecnócratas, los arquitectos y los políticos que piensan que pueden hacer caso omiso de los deseos de la gente normal, y producir soluciones así para vivienda.

Cada fin de semana en el Reino Unido tenemos un nuevo lugar de demolición de rascacielos y es una pena, realmente es una pena muy grande. Pensaríamos que, en una sociedad democrática, acostumbrada ya a la información y los cuestionarios que se envían a los consumidores, podrían preguntarles qué es lo que quieren. No nos hemos molestado en preguntarles sobre las viviendas, y cuando hicimos la pregunta ya era demasiado tarde porque estaban construidas.

La decisión está muy clara: Cuando se pregunta a la gente normal siempre dicen que preferimos vivir cerca del suelo. Cuando las cosas no funcionan, como por ejemplo los ascensores, si hay problemas de luz; o si vienen ladrones, drogadictos o alguna banda urbana, y esto ocurre muy a menudo, por lo menos estamos cerca del suelo y nos sentimos más seguros. De modo que la decisión en todos los casos ha sido demoler.